En Portada
Todas las mañanas, cuando ya vestido y desayunado salgo de "mi hostal", camino hasta mi coche ya sea bajo el sol o bajo la lluvia... alguna vez, incluso, cuando aun no ha amanecido... En esos 100 o 2oo metros, que es la distancia a la que suelo aparcar, pienso en qué sucedería si en vez de abrir la puerta del coche me fuese dejándolo allí sin dar más explicaciones a nadie.
Supongo que tardarían unas horas en darse cuenta en mi oficina que aquello no es normal ya que, aunque llego tarde habitualmente, nunca falto al trabajo sin avisar el día antes.
Tras unos momentos de duda llamarían a mi móvil, que estaría convenientemente desconectado. Tras varios intentos y después de que el buzón de voz no admitiese más mensajes llamarían a mi hostal donde les dirían que sí, que había salido como todos los días y que no habían notado nada raro.
Unas horas después llamarían a mi casa donde, sorprendidos, les dirían que no, que no había vuelto a casa y mi madre, que siempre ha tenido un sexto sentido (pero sólo para las cosas más trágicas), comenzaría a pensar que algo malo me tenía que haber sucedido. A partir de entonces todo, como una fila de piezas de dominó, comenzaría a precipitarse. Tras buscarme durante horas encontrarían mi coche aparcado donde siempre y lo más extraño, cerrado como si yo no lo hubiese tocado aquella mañana. Llamar a la policía antes de 24 horas no tiene sentido así que los esfuerzos serían, por el momento, privados. ¿Tenía algún amiga?, ¿Alguien escuchó algo ayer?... Revisarían los papeles que inundan mi escritorio en busca de una pista que les diese la tranquilidad de decir "ya sé donde está", algo como una invitación para un viaje al Caribe. Pero no. No habría nada porque hasta aquella mañana, al salir del hostal, no se me habría ocurrido que ese era el día en el que lo haría. Me imagino que para entonces, varias horas después de que la voz de alarma saltase, comenzaría a haber lágrimas de nerviosismo y angustia. ¿Un secuestro?. A las 24 horas la policía entraría en acción. Tras preguntar a todos mis conocidos llegarían a la conclusión, aunque nunca lo dirían, de que tenía más de una razón para irme voluntariamente. ¿Pero quién no la tiene?. Investigarían mis últimas llamadas telefónicas, mis movimientos bancarios... intentando dilucidar alguna pista que tuviese que ver con mi marcha. Ya para entonces la prensa se habría hecho eco de la noticia y se publicaría una pequeña columna en la sección de local del periódico... sólo en local, que tristeza... me marcaría entonces el objetivo de llegar a nacional e incluso a portada. Una llamada a mi casa de un hombre con acento extranjero pondría en jaque a las autoridades: "2 millones de euros o no volverán a ver a su Cat. Tienen 48 horas para dejarlas bajo el puente de...". (Ni que decir tiene que ni mis padres, ni mi novia, ni nadie que yo conozca tiene 2 millones de euros). A las 48 horas de mi desaparición, 24 horas antes de que el plazo dado por el secuestrador extranjero expirase, una llamada a un periódico daría la puntilla a mi camino a primera plana... "La desaparición de Cat Morgan está relacionada con...". No podía ser verdad... pero si parecía un buen chico... pero si... A las 72 horas un dispositivo policial rodearía el puente de... mientras alguien de mi familia, posiblemente mi hermano mayor bajaba la ladera con una maleta vacía. Pero nada. Los secuestradores nos han visto, pensaría más de un agente. Una manifestación congregaría a todas las personas que me conocen para pedir mi liberación. Noticia nacional pero sin ser todavía portada. 94 horas después de mi desaparición, a las 9 de la mañana, saldría de mi escondite y cogería un taxi para dirigirme a la puerta de mi hostal. Como si nada hubiese pasado saldría caminando hacia mi coche. Arrancaría y me dirigiría a mi oficina donde todo el mundo al verme entrar, como si nada hubiese pasado, me miraría con recelo. Me sentaría en mi mesa y llamaría a mi familia para decirles que esa noche no iría a cenar. Después encendería el ordenador y me pondría a escribir a la espera de que la policía, mi familia, mis amigos y sobretodo, algún periodista se acercase a preguntarme dónde había estado. Yo sólo respondería, "durmiendo", y de ahí a la portada sólo habría el tiempo en el que el redactor escribiese el titular y el lead.
Y mientras me imagino eso leo que hay otros que lo hacen, pero a lo bestia, y les sale bien.




