sábado, febrero 26, 2005

Reacciones en cadena

Cuando dices "te quiero" provocas una reacción en cadena que no sabes hasta dónde llegará... a lo largo de una vida provocamos muchas... algunas de ellas se alargan en el tiempo y otras, la mayoría, se quedan en un silencio...

Aviofobia y 3

A las 21:00 el avión de regreso empezaba a acoger en sus entrañas a los pasajeros. Yo me encontraba en la cola de embarque. No nevaba, todavía, aunque el frío que hacía en Madrid dejaba claro que no faltaba mucho para que los primeros copos comenzasen a caer. Curiosamente no estaba nervioso... durante las horas anteriores diversas cuestiones de trabajo me habían tenido ocupada la cabeza... Pero aun así decidí tomarme un trankimazin (el efecto una vez te tomas la pastilla no es inmediato, tarda unos minutos en aparecer, por lo que es mejor anticiparse a las situaciones de pánico.). Me monté en el avión. Era mayor que el anterior... Un tres-tres creo que le llaman, haciendo mención al número de asientos y su división a cada lado del avión... Esta vez las instrucciones sobre las salidas de emergencia, salvavidas, oxígeno... no las daba una azafata sino unas pantallas de vídeo en el que después comenzaron a emitir pequeños anuncios sin sonido. 45 minutos, y ni una sola gota de sudor, después llegué a casa.
Ya en el coche, alejándome del aeropuerto, pensé que hacía unos meses, a esas mismas horas, estaría en el tren todavía de camino. Pensé que fue en un tren donde me encontré con la chica que ocupa mi cama desde hace cuatro años... pensé que fue en un tren donde se me ocurrieron algunas de las ideas que luego escribí y que se llevaron a la pantalla... pensé que quizás, por culpa del avión haya perdido la oportunidad de que me ocurriese algo inolvidable... pensé que el avión es frío y el tren caliente... pensé que vale, una hora no da tiempo a nada y 8 dan tiempo a toda una vida... pensé que quizás, aunque ahora pueda volar de vez en cuando seguiré viajando en tren para mirar por la ventanilla y sentirme como Guy o Bruno en Extraños en un tren.

viernes, febrero 25, 2005

Aviofobia 2

Medio "drogado", es cierto... asustado, como la primera vez con una chica, también es cierto... el lunes volé por primera vez después de ocho años.
Llegué al aeropuerto una hora antes de la hora oficial del vuelo, hora y media real por culpa de un retraso que no hizo más que incrementar mi ansiedad. Mientras estaba en la cafetería del aeropuerto, a la espera de que la orden de embarque fuese anunciada en los monitores, miraba a mi alrededor buscando a alguien que estuviese tan asustado como yo. Creo que no había nadie o si lo había una de dos: Habían tomado más calmantes que yo o disimulaban mejor. Entonces empecé a pensar en esos momentos en los, a lo largo de mi vida, había conseguido vencer el miedo... No se me ocurría ninguno porque posiblemente el miedo siempre ha conseguido ganarme la batalla. Media hora despúés... Convencido de que esta vez no iba a permitirlo me dirigí hacia la puerta de embarque y tras pasar el arco de seguridad y entregar mi billete me dirigí por el tunel hacia la puerta del avión. Asiento 20E. Justo en la mitad del avión, cerca del ala que todavía estaba a ras del suelo... Mientras la azafata explicaba como colocarse el chaleco salvavidas (a mi no me extraña que expliquen como colocarse un chaleco salvavidas en un vuelo nacional... el pisuerga puede ser muy traicionero... lo que me extraña es que te digan que no puedes inflarlo dentro del avión... coño, que si se cae el avión al mar voy a tirarme y ponerme a soplar mientras nado y esquivo a los tiburones) intentaba concentrarme en cosas agradables... Algunas muy agradables... Otras mucho más agradables... Estuve tentado de salir de allí varias veces pero cuando el avión enfiló la pista supe que nada podía hacer salvo convertirme en un terrorista islámico y detener el avión, con lo ridículo que eso quedaría en alguien, ateo pero, bautizado y confirmado como yo. Ya había olvidado la sensación en el estómago del despegue... Y unos minutos después... cuando me pensaba si debería llamar a la azafata para pedirle una toalla con la que secar el sudor frío que ya empapaba mi ropa el piloto comunicó que ya estábamos aterrizando... ¿Ya?... Curiosamente me sentí defraudado... ¿45 minutos?... Me imaginaba a mi mismo en una montaña rusa que durase 3 minutos... "Oiga, que yo pago para pasarlo mal pero pago así que hágamelo pasar mal durante un buen rato". Salí del avión orgulloso de mi mismo... "drogado", pero orgulloso... y me dirigí al hotel pensando en el vuelo de regreso al día siguiente. En el hotel el telediario anunciaba fuertes nevadas en Madrid así que me tomé otro calmante y me dormí.

lunes, febrero 21, 2005

Aviofobia

Llevo ocho años sin montarme en un avión, no porque no haya tenido oportunidad, que sí la he tenido, sino porque no puedo. La última vez que volé fue cuando todavía estudiaba, en esa época en la que mi ansiedad todavía era una serie de síntomas que me llevaban cada cierto tiempo a hacerme un chequeo del corazón. Recuerdo como si fuese hoy cada uno de los pasos que dí desde la puerta de embarque hasta el avión... recuerdo como me senté y como, después de mirar por la ventanilla, me levanté de nuevo y salí del avión, esquivando a los otros pasajeros, camino de la terminal, entre sudores y aspiraciones de aire entrecortadas.
Nunca volví a intentarlo. Cada vez que tenía que hacer un viaje en avión mi cuerpo reaccionaba en contra (una respuesta de la mente para evitar volver a sentir lo que había sentido entonces). Por eso durante ocho años viajé en tren, coche o cualquier otro medio de locomoción que me permitiese detenerme en el momento que yo lo decidiese. Por eso, cada vez que se acercaba un viaje escuchaba los mismos consejos: "El avión es el vehículo más seguro... Piénsalo... ¿Cuánta gente se mata en coche?... ¿Y en avión?"... Hubo quien me dijo incluso que la probabilidad de que yo sufriese un accidente era ínfima, aunque a mi lo que me preocupaba no era mi probabilidad sino la de los 150 tipos que me acompañaban. ¿Y si ellos sí tienen allí su día señalado y me llevaban con ellos?. Los 30 segundos de caída libre tras el mensaje del comandante diciendo "abróchense los cinturones... tenemos un problema en los motores" ocuparon desde entonces más de una de mis pesadillas.
Como decía nunca volví a intentarlo... nunca hasta hoy porque esta tarde, a las 20:40 volaré de nuevo. Durante el fin de semana mi mente me ha ido dando avisos... ligeros toques de atención que supongo que a las 20:30 se convertirán en amenazas de muerte y a las 20:41 en un desmayo oportuno. Por si acaso ya he tomado un cuarto de trankimazin. Y ahora a esperar a ver que pasa.

miércoles, febrero 16, 2005

Secretos

"A veces no hacemos las cosas que queremos hacer sólo para que los demás no sepan que queremos hacerlas".
M. Night Shyamalan

martes, febrero 15, 2005

Esa cara me suena

A veces me pongo a pensar en la gente que he conocido a lo largo de mi vida. Han sido muchas personas, no demasiadas, pero si las suficientes. El caso es que me doy cuenta que con el paso del tiempo me he olvidado del nombre, o de la cara, de algunas de esas personas con las que, en otros tiempos, tuve una relación más o menos estrecha. Irónicamente, a lo largo de mi vida, he querido, o no me habría importado, olvidar a algunas personas sin conseguirlo. (De los compañeros de 1º de EGB recuerdo la cara el nombre y los apellidos aunque a la mayoría no los he vuelto a ver desde entonces, misterios de la mente).
El caso es que ahora tengo miedo de olvidar a alguien, y no recordar su cara, ni su nombre, ni su sonrisa, ni sus palabras, ni sus sueños... me da miedo pensar que quien hoy en día se planta frente a mi armario para que mis demonios no se atrevan a salir se convertirá en un recuerdo difuso con el que me cruzaré un día por la calle sin llegar a detenerme.

viernes, febrero 11, 2005

El aniversario de Boda

“Es irónico” pensó Aurora mientras se vestía en el frío dormitorio de la pensión. Hacía 5 años que Luis, su marido, había tenido que marcharse a Argentina. En el puerto, mientras se despedían, él le había vuelto a repetir que aquello era parte del juego, “Piensa que si hubiésemos sido nosotros los que hubiesen ganado la guerra serían ellos los que tendrían que marcharse y sus mujeres las que estarían llorando”. Desde entonces Aurora esperaba cada semana, cada día, cada hora, casi cada segundo, que Luis llamase diciendo que había conseguido un trabajo. Así ella podría irse con él. Pero Luis nunca llamaba, ni siquiera enviaba una carta. Incluso comenzaban a correr rumores de que Luis había rehecho su vida con otra mujer, pero ella se negaba a aceptarlo.
“La semana que viene te pago lo que te debo. Te lo juro”. Aurora era demasiado inocente incluso para ser puta. “¿Qué día es hoy?”, preguntó terminando de abrocharse el abrigo. “Cinco” respondió el hombre apurando la última calada del cigarro.”Hoy es mi aniversario de boda”.

jueves, febrero 10, 2005

1997

Corría 1997 y ya habían pasado demasiados años de todo: 505 del descubrimiento de América, 22 de la muerte de Franco, casi 100 del rodaje de la primera película porno, 183 del fin de la guerra de independencia española, 16 del golpe de Tejero, 15 del mundial de España, 1997 del nacimiento de Cristo, 17 de la muerte de Piaget, 180 de la primera edición de Frankenstein, 75 de la muerte del último castrati, 94 de la aparición de Camel al mercado, 61 de la guerra civil, tres siglos del descubrimiento de la célula, tres años, un mes y quince días de la clasificación de España para el Mundial de EEUU, que lógicamente no ganamos, 32 años del desembarco de los Beatles en nuestro país, 6 años de mi primer viaje a la Alcarria, 8 años del grito de libertad de Tiannamen ...
Por aquel entonces nuestras vidas consistían en vivir 60 segundos al minuto, 60 minutos a la hora, 24 horas al día, siete días a la semana, 4 semanas al mes, 12 meses al año, tantos años como pudiésemos siempre bajo nuevas consignas: Hoy “no a la violencia”, “no a la mili”, "no a los lunes", "no a los martes", "no a los miércoles"; "no a la vecina del cuarto". Mañana "No a las drogas, pero si a algunas", "Si a la hermana de Bruno", "No al 0,7" sólo por llevar la contraria, "No a Dios" porque Dios sólo existía en época de exámenes, y era un Dios de por si acaso y cuatro velas a veinticinco pesetas.
Eran esos tiempos en los que todos queríamos ser un poco Morrison, un poco Joplin, pero seguir teniendo nuestro ordenador de puta madre, nuestro coche que te cagas y nuestro equipo de música por el que el vídeo comunitario pirata pasaba hasta la televisión de 28 pulgadas, regalo de mis padres a la extraña comuna que conformábamos. En aquel entonces queríamos disfrutar de nuestro woodstock particular: Nirvana, REM, UB40, Rolling Stones, Red Hot Chili Peppers, U2, Depeche Mode, Neil Young, ACDC, Bob Dylan …Parecía que aquello nunca terminaría, y lo más extraño es que nunca pensábamos en el futuro. Estudiar era secundario. Había demasiadas cosas en la vida como para perder el tiempo aprendiendo que en 1976 se había producido la reunificación de Vietnam o que en el mundo existen 6.703 idiomas. ¿Qué más daba?. Sólo había que esperar, mientras te tomabas tu quinta copa de Cacique cola y mirabas a la chica del fondo del bar intentando cruzar con ella una mirada que te dijese "Vamos a tu casa" (El idioma número 6.704).

viernes, febrero 04, 2005

¿Secuestrado?

Me imagino la cara de sorpresa de los directores de las agencias de noticias cuando vieron que la fotografía, que gracias a ellos copaba las portadas de los periódicos de todo el mundo, no era de un soldado americano secuestrado, al menos no de carne y hueso.
Estos son los peligros de la sociedad de la imagen. De la sociedad en la que cualquier discusión puede zanjarse con un "lo han dicho en el telediario" como si fuera palabra de Dios.