Reacciones en cadena
Cuando dices "te quiero" provocas una reacción en cadena que no sabes hasta dónde llegará... a lo largo de una vida provocamos muchas... algunas de ellas se alargan en el tiempo y otras, la mayoría, se quedan en un silencio...
Por desgracia somos poliédricos
Cuando dices "te quiero" provocas una reacción en cadena que no sabes hasta dónde llegará... a lo largo de una vida provocamos muchas... algunas de ellas se alargan en el tiempo y otras, la mayoría, se quedan en un silencio...
A las 21:00 el avión de regreso empezaba a acoger en sus entrañas a los pasajeros. Yo me encontraba en la cola de embarque. No nevaba, todavía, aunque el frío que hacía en Madrid dejaba claro que no faltaba mucho para que los primeros copos comenzasen a caer. Curiosamente no estaba nervioso... durante las horas anteriores diversas cuestiones de trabajo me habían tenido ocupada la cabeza... Pero aun así decidí tomarme un trankimazin (el efecto una vez te tomas la pastilla no es inmediato, tarda unos minutos en aparecer, por lo que es mejor anticiparse a las situaciones de pánico.). Me monté en el avión. Era mayor que el anterior... Un tres-tres creo que le llaman, haciendo mención al número de asientos y su división a cada lado del avión... Esta vez las instrucciones sobre las salidas de emergencia, salvavidas, oxígeno... no las daba una azafata sino unas pantallas de vídeo en el que después comenzaron a emitir pequeños anuncios sin sonido. 45 minutos, y ni una sola gota de sudor, después llegué a casa.
Medio "drogado", es cierto... asustado, como la primera vez con una chica, también es cierto... el lunes volé por primera vez después de ocho años.
Llevo ocho años sin montarme en un avión, no porque no haya tenido oportunidad, que sí la he tenido, sino porque no puedo. La última vez que volé fue cuando todavía estudiaba, en esa época en la que mi ansiedad todavía era una serie de síntomas que me llevaban cada cierto tiempo a hacerme un chequeo del corazón. Recuerdo como si fuese hoy cada uno de los pasos que dí desde la puerta de embarque hasta el avión... recuerdo como me senté y como, después de mirar por la ventanilla, me levanté de nuevo y salí del avión, esquivando a los otros pasajeros, camino de la terminal, entre sudores y aspiraciones de aire entrecortadas.
"A veces no hacemos las cosas que queremos hacer sólo para que los demás no sepan que queremos hacerlas".
A veces me pongo a pensar en la gente que he conocido a lo largo de mi vida. Han sido muchas personas, no demasiadas, pero si las suficientes. El caso es que me doy cuenta que con el paso del tiempo me he olvidado del nombre, o de la cara, de algunas de esas personas con las que, en otros tiempos, tuve una relación más o menos estrecha. Irónicamente, a lo largo de mi vida, he querido, o no me habría importado, olvidar a algunas personas sin conseguirlo. (De los compañeros de 1º de EGB recuerdo la cara el nombre y los apellidos aunque a la mayoría no los he vuelto a ver desde entonces, misterios de la mente).
“Es irónico” pensó Aurora mientras se vestía en el frío dormitorio de la pensión. Hacía 5 años que Luis, su marido, había tenido que marcharse a Argentina. En el puerto, mientras se despedían, él le había vuelto a repetir que aquello era parte del juego, “Piensa que si hubiésemos sido nosotros los que hubiesen ganado la guerra serían ellos los que tendrían que marcharse y sus mujeres las que estarían llorando”. Desde entonces Aurora esperaba cada semana, cada día, cada hora, casi cada segundo, que Luis llamase diciendo que había conseguido un trabajo. Así ella podría irse con él. Pero Luis nunca llamaba, ni siquiera enviaba una carta. Incluso comenzaban a correr rumores de que Luis había rehecho su vida con otra mujer, pero ella se negaba a aceptarlo.
Corría 1997 y ya habían pasado demasiados años de todo: 505 del descubrimiento de América, 22 de la muerte de Franco, casi 100 del rodaje de la primera película porno, 183 del fin de la guerra de independencia española, 16 del golpe de Tejero, 15 del mundial de España, 1997 del nacimiento de Cristo, 17 de la muerte de Piaget, 180 de la primera edición de Frankenstein, 75 de la muerte del último castrati, 94 de la aparición de Camel al mercado, 61 de la guerra civil, tres siglos del descubrimiento de la célula, tres años, un mes y quince días de la clasificación de España para el Mundial de EEUU, que lógicamente no ganamos, 32 años del desembarco de los Beatles en nuestro país, 6 años de mi primer viaje a la Alcarria, 8 años del grito de libertad de Tiannamen ...
Me imagino la cara de sorpresa de los directores de las agencias de noticias cuando vieron que la fotografía, que gracias a ellos copaba las portadas de los periódicos de todo el mundo, no era de un soldado americano secuestrado, al menos no de carne y hueso.