Preguntas difíciles
Hay preguntas que merecen una respuesta meditada. Preguntas con respuesta de "sí" o "no" (al estilo examen test) que nos acompañan durante las diferentes fases de nuestra vida: "¿Tienes ganas de hacer pis?", "¿Has roto este jarrón?", ¿Has bebido?", "¿Has fumado?", "¿Quieres salir conmigo?", "¿Estás sola?"... Todas ellas necesitan de un tiempo, segundos, minutos, a veces incluso horas, de reflexión ya que dependiendo de la respuesta dada podremos adivinar algunas de las claves de nuestro futuro... Pero ninguna de esas preguntas se puede asemejar a la que, tu pareja, un día en cama, justo antes de girarte hacia la mesilla de tu lado para echarte a dormir, te ha hecho o hará: "Cariño... ¿si algún día te pusiera los cuernos me perdonarías?".
Aunque en la oscuridad absoluta no sirva de nada abrir los ojos como platos lo haces y entonces... durante unos segundos... piensas en la respuesta a esa pregunta. Si le dices que sí la perdonarías parece que le estás dando carta blanca para acostarse con ese tío del trabajo con el que ha quedado a cenar un par de veces. Imagínense: "No te preocupes, mi novio me lo va a perdonar". Si le dices que no, que ni de coña perdonarías esa traición, te arriesgas a que lo haga de todas formas pero que tú no llegues a enterarte (¿ojos que no ven corazón que no siente?). Después de mucho pensarlo decides que si llevas tanto tiempo con ella podrías perdonarla (al fin y al cabo un desliz lo tiene cualquiera, ¿No?) y cuando se lo vas a decir, cuando vas a dejar claro que tu amor por ella podría superar cualquier hipotética infidelidad, en ese momento, comienzas a darle vueltas a otra variante: ¿Y sí ya lo ha hecho y te lo pregunta para ver si te lo puede decir o no? y ya no sabes qué responder.

