El periódico de la mañana

Cada mañana, cuando bajo desde la habitación del hostal a la cafetería para tomar mi único café de todo el día (con leche doble y templado), siempre me la encuentro allí.
Viste todos los días con la misma gabardina y lleva gafas... A veces me la encuentro cuando acaba de entrar, arrastrando sus 80 años de la barra a la mesa de la esquina, justo debajo del televisor donde, a esas horas, siempre está sintonizado el canal de los 40 principales que sirve de improvisado hilo musical al bar, llevándose ella misma el café. Todas las mañanas realiza el mismo ritual, haga frío o calor: café con leche y La Voz de Galicia. Esta mañana la ví en su mesa. Tenía ante ella el café pero le faltaba el periódico que leía un hombre de unos 40 años, con pinta de viajante, en la barra. La anciana dirigía nerviosamente su vista hacia el hombre, disimulando, esperando que terminase con las páginas de cultura y tras un último vistazo a la contraportada lo dejase libre para avalanzarse, lentamente, sobre él. Cuando el hombre por fin metió la mano en el bolsillo para pagar ella ya estaba en pie acercándose... Mientras el hombre se giraba ella ya se encontraba a un metro del periódico... Mientras el hombre salía ella estaba frente al diario. Cuando la puerta se cerró tras el viajante ella cogió el diario. Volvió a su mesa y, como el niño que ha conseguido descubrir donde le esconden sus padres los regalos el día de reyes, me sonrió. Yo le devolví la sonrisa y volví a mi café.
