Un hada madrina
Esta mañana salí del hostal antes de tiempo. Cuando llegué a la cafetería la anciana, que siempre lee La Voz de Galicia acompañada de un café, no estaba allí. Desayuné y al pagar vi un cartel que anunciaba que este domingo hay bote en la primitiva así que me decidí a hacer una columna... por si acaso, como las velas que los estudiantes ponen a los santos aun cuando son ateos.
Salí del hostal caminando, porque estos días estoy sin coche, para dirigirme a la rotonda de la esquina donde esa niña, que no entiendo como alguien puede no estar seguro que sea la mujer de su vida, había quedado el día anterior en recogerme. Mientras esperaba, fumando un cigarro, me giré un instante hacia la puerta de un portal que acababa de abrirse y la ví. La anciana salía de su casa para dirigirse a la cafetería del hostal. No llevaba gabardina sino una chaqueta de punto negro que abrazaba contra su cuerpo mientras daba pequeños y vacilantes pasos. Le sonreí dándole los buenos días y ella me devolvió la sonrisa mientras me decía: "Hoy has salido temprano". Yo le respondí que sí, sin más explicación. Una conversación cotidiana en un día demasiado soleado para lo cotidiano de esta tierra. Me giré para seguir esperando y sin que la viese se acercó a mi. "Sabes, te pareces mucho a mi nieto". Entonces me dí cuenta que sus miradas y sus sonrisas posiblemente estaban dedicadas a él. Estúpidamente me hizo ilusión. "Te deseo todo lo mejor en tu vida", continuó asintiendo, "ya verás como todo te va bien" y como si hubiese agitado su varita mágica sobre mi cabeza me hizo sentir bien. Después, continuó su camino, sin mirar atrás, como el hada madrina que acaba de descubrirle a alguien su futuro. Ya a solas metí la mano en el bolsillo de la chaqueta y miré el resguardo de la primitiva pensando que el domingo todo podría ser distinto... o no.

