El viernes pasado era festivo en A Coruña así que el jueves por la noche volví a casa para disfrutar de un largo fin de semana. A eso de las 10 de la mañana del viernes (Maldito despertador biológico) me desperté. Como estaba solo decidí ir a desayunar a un bar para leer el periódico, es decir, no sólo los titulares, sin la presión de que "dentro de 5 minutos hay que estar en la oficina y ya han pasado cuatro". Me duché con calma, me vestí con más calma, y bajé las escaleras (mi piso no tiene ascensor... aunque tampoco lo echo en falta porque es un primero) hasta el portal con una sonrisa en los labios como si estuviese en el segundo 7 de un anuncio de compresas. Fue al llegar allí cuando volví a la realidad de golpe. En el suelo, esperándome como un depredador, me esperaba una notificación de Correos.
Tras hacer un escaneo mental intentando recordar si había pedido algo llegué a la conclusión de que no debía ser nada bueno. Me dirigí a la cafetería y tras pedir un café con leche intenté descifrar la letra del cartero. ¿Por qué demonios no les hacen un examen de caligrafía?... Tras un rato, con el café humeante ante mi, le pedí al camarero que me echase una mano y, con toda naturalidad, como si hubiese estudiado medicina, resolvió mis dudas: Pone "Hacienda"...
El café humeante se quedó frío.
¡¡Hacienda!!.
Habría preferido que pusiera "El asesino de la baraja".
El camino hasta la oficina de correos es eterno cuando se lleva en la mano un papel que te notifica que Hacienda quiere ponerse en contacto contigo. Entré temblando y entregué la notificación al empleado junto con mi DNI. Todo se movió entonces a cámara lenta. Tras un minuto buscando entre otras cien cartas se giró con un sobre en la mano... Caminó de regreso hasta mí y me ofreció un bolígrafo para firmar conforme había recibido el dichoso sobrecito. Salí de allí y, como el niño que acaba de comprar 10 sobres de cromos en el kiosco, me senté en una esquina para leer lo que Hacienda quería contarme.
Abrí el sobre... saqué los 5 folios que incluía... miré al cielo... respíré hondo y bajé la vista para leerlos.